Mientras Estados Unidos experimenta una caída importante en la cantidad de muertes diarias y la ola de la variante ómicron sigue su curso, el presidente Joe Biden se ha jactado repetidamente de que su “estrategia ha reducido las muertes por COVID en un 90%”. Esa cifra es precisa, pero los expertos dicen que la caída es en gran parte atribuible a una serie de factores que están fuera del control del presidente.

El promedio de muertes por COVID-19 en siete días ha caído en un 92% desde el día en que Biden asumió el cargo hasta el 20 de junio. 

A medida que la variante ómicron sigue su curso, prácticamente todos los países del mundo recientemente han experimentado una fuerte disminución de las muertes por COVID-19. De hecho, desde el día de la investidura de Biden, el promedio móvil de siete días de muertes diarias por cada 100.000 habitantes en todo el mundo cayó un 89,4%, lo que sugiere de alguna manera que la política de Biden no es única. Los expertos dicen que los principales responsables de los altos y bajos en la cantidad de muertes a nivel mundial desde que surgió el COVID-19 son la enfermedad, la aparición de variantes, la implementación de vacunas y la inmunidad adquirida por infección anterior.

Biden también trajo el tema durante un momento en que las muertes por COVID-19 cesaron, obviando el hecho de que ha habido dos grandes olas de COVID-19 (de las altamente transmisibles variantes delta y ómicron) que causaron grandes aumentos en la cantidad de muertes durante su presidencia.

Al asumir el cargo en enero de 2021, Biden inició la tarea de alentar a los habitantes de EE. UU. a recibir alguna de las vacunas recientemente autorizadas contra el COVID-19. Ha promovido nuevos tratamientos eficaces y ha sido un defensor constante del uso de mascarillas en las situaciones apropiadas. Los expertos dicen que todas esas son cosas positivas, pero Biden se adjudica demasiado mérito cuando dice que sus políticas son responsables de una caída del 90% en las muertes por COVID-19, como lo ha hecho repetidamente.

“Mi estrategia ha reducido las muertes por COVID en un 90%”, se jactó Biden en Twitter el 14 de junio.

Biden lo repitió en un discurso el mismo día cuando dijo que la administración “redujo las muertes por COVID en un 90%”.

“Las vacunas, los tratamientos y otras herramientas que mi administración ha puesto ampliamente a disposición protegen al pueblo estadounidense de la enfermedad grave, manteniéndolo fuera del hospital y reduciendo las muertes diarias debido al COVID-19 en un 90%”, dijo Biden el 17 de junio.

El promedio móvil de siete días de muertes diarias el día que Biden asumió el cargo era de 3.167, pero ha caído a 266 al 20 de junio, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Eso es una reducción del 92%. Los datos recopilados por Our World in Data muestran descensos pronunciados similares en las muertes por COVID-19 en el Reino Unido (96%), Alemania (93%), Italia (90%), Canadá (82%) e India (90%) durante el mismo período.

Si bien es una disminución significativa en EE. UU., como lo muestra el gráfico anterior, la caída en la cantidad de muertes no ha sido lineal. Las muertes por COVID-19 aumentaron en el otoño de 2021 debido a la variante delta y nuevamente a principios de 2022, cuando la variante ómicron se propagó por la nación. Desde el inicio de la pandemia a principios de 2020 hasta el 20 de enero de 2021, el día en que Biden asumió la presidencia, hubo 424.307 muertes por COVID-19 en EE. UU. Desde entonces, ha habido más de 580.000 muertes por COVID-19. En otras palabras, han ocurrido más muertes por COVID-19 durante el gobierno de Biden que durante el gobierno de Trump.

Eso no significa que la política de Biden respecto al COVID-19 fuera menos eficaz que la de Trump. Para empezar, las muertes por coronavirus no comenzaron a surgir en grandes cantidades hasta abril de 2020, por lo que esta es una comparación de casi nueve meses bajo Trump contra 17 meses bajo Biden. Como hemos escrito, Trump minimizó regularmente los riesgos del COVID-19, y la excoordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, Deborah Birx, ha dicho que mejores intentos de mitigación temprana podrían haber “disminuido sustancialmente” la cantidad de muertes. Biden le dio crédito a Trump en diciembre de 2021 cuando dijo: “Gracias a la administración anterior y a nuestra comunidad científica, Estados Unidos fue uno de los primeros países en obtener la vacuna”.

Pero Biden asumió el cargo en los primeros días de las vacunas. Las primeras dosis de la vacuna se implementaron a mediados de diciembre de 2020 y para la fecha de la investidura de Biden se habían administrado poco menos de 23 millones de dosis. Con pocos estadounidenses vacunados, el promedio de siete días de muertes alcanzó su punto máximo de la pandemia con 3.425 muertes el 13 de enero de 2021, siete días antes de la investidura de Biden.

En los seis meses siguientes, cuando se administraron más de 300 millones de dosis de vacuna, la cantidad de personas que murieron por COVID-19 cayó rápidamente. Para el 5 de julio de 2021, el promedio de muertes de siete días fue de 213.

Eso es un poco más bajo que el promedio de siete días actual.

Aunque algunos críticos antivacunas han mencionado que ha habido más muertes por COVID-19 desde que la primera vacuna estuvo disponible, como hemos escrito, la tasa de mortalidad era mucho más alta en relación con la tasa de casos antes de que las vacunas estuvieran ampliamente disponibles en la primavera de 2021. El país también fue devastado por dos variantes altamente transmisibles, y después de que las vacunas estuvieran disponibles, las tasas de mortalidad han sido más altas entre las personas no vacunadas.

Los expertos dicen que no hay duda de que las vacunas han reducido la cantidad de muertes en EE. UU. y que el hecho de que Biden ha promovido la producción de vacunas y alentado a todos los estadounidenses a vacunarse ha ayudado. Según un análisis del Commonwealth Fund, si no fuera por las vacunas, habría habido más de 1 millón de muertes más en EE. UU. para noviembre de 2021. Pero las iniciativas de Biden relacionadas con la vacuna no pueden llevarse todo el mérito. 

Es “casi imposible” decir que una política en particular ha llevado a una fuerte reducción de la tasa de mortalidad, nos dijo por correo electrónico Rachael Piltch-Loeb, investigadora y directora de proyectos de la Escuela de Salud Pública de Harvard. “La disminución puede atribuirse en gran medida al nivel de inmunidad en la población. La adopción de vacunas ha sido un factor que ha contribuido enormemente a la disminución en la mortalidad, ya que los vacunados tienen muchas menos probabilidades de ser hospitalizados y morir a causa del COVID. La inmunidad natural probablemente también ha jugado un papel, aunque su cuantificación es menos clara”.

Piltch-Loeb dijo que la administración ha hecho algunas cosas para “facilitar esta disminución”, entre ellas, “centrarse en la adopción de vacunas, en la mitigación personal continua y en opciones de tratamiento”.

“La promoción de la vacunación por parte de la administración, especialmente entre las comunidades a través del alcance social y un abordaje de divulgación diversificado para generar confianza [entre aquellos] que inicialmente mostraron tasas más altas de vacilación respecto a la vacuna, ha sido valiosa y probablemente ayudó a reducir la tasa de mortalidad en algunas comunidades negras e hispanas”, dijo. “Continuar promoviendo el uso de mascarillas N95/KN95, especialmente entre las personas de alto riesgo, es difícil de cuantificar pero es parte de la estrategia, así como simplemente tratar de que se mantenga el uso de la mascarilla es parte clave de la mitigación en general. Además, facilitar un tratamiento, especialmente para los pacientes de alto riesgo, puede contribuir. Los esfuerzos para hacer que las pruebas estén disponibles y compensar el costo de las pruebas y la vacunación son otros aspectos de la iniciativa general”.

Y si bien las iniciativas de vacunación de Biden podrían haber tenido un efecto en la aceptación de las vacunas, EE. UU. ocupa el puesto 55 en el mundo en términos de la cantidad total de dosis de vacunas administradas por cada 100.000 habitantes, según el Washington Post. El porcentaje de la población de EE. UU. que ha completado la vacunación (67%) está a la zaga de la mayoría de los países desarrollados. En comparación, el 83,6% y el 81% de las poblaciones de Canadá y Japón, respectivamente, están totalmente vacunadas. El porcentaje de personas en Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia que están completamente vacunadas se encuentra entre el 75 y el 79 por ciento. También vale la pena señalar que las tasas de vacunación son más bajas en los condados que votaron por Trump, donde hay menos probabilidades de que sus residentes apoyen las políticas de Biden o presten atención a su consejo.

En general, a EE. UU. le ha ido peor que a la mayoría de los otros países en términos de muertes por COVID-19. De hecho, EE. UU. ocupa el segundo lugar a nivel mundial en la cantidad de muertes por cada 100.000 habitantes, solo superado por Brasil, según el Centro de Recursos de Coronavirus de Johns Hopkins.

“Sospecho de todos los políticos que se atribuyen el mérito de algo como esto”, el Dr. Amesh Adalja, experto en enfermedades infecciosas y profesor en el Centro de Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, nos dijo por correo electrónico. “Cuando el presidente Biden asumió el cargo, la campaña de vacunación estaba en sus inicios. Son las vacunas y los científicos y las empresas que las crearon, más que nada, los responsables de la disminución de muertes que hemos visto”.

Traducido por Claudia Cohen.

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