Una nueva era



La juramentación de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como nuevo presidente de México supone no sólo el resurgir de la izquierda política, sino una profunda transformación en la estructura del país entero.

“Por mandato del pueblo de México hoy iniciamos la 4ta transformación del país”, escribió el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en su nueva cuenta oficial de Twitter. “Será pacífica, ordenada, pero profunda y radical. ¡No más corrupción! ¡No más privilegios!” El pasado sábado 1 de diciembre, entre una gran ceremonia, dos discursos, una fiesta en el Zócalo de D.F. e incluso protestas contra los invitados, AMLO se transformó en el primer presidente de izquierdas mexicano en más de treinta años.

A la toma de posesión asistieron representantes de casi 50 países, incluyendo el vicepresidente de Estados Unidos, Michael R. Pence, la vicepresidenta de la República Popular China, Shen Yueyue, el presidente de la Asamblea de la República Popular Democrática de Corea, Kim Yong-Nam, y el senador Hirofumi Nakasone de Japón.

Asimismo asistieron el presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma, el gobernador de Belice y el presidente de la República de Surinam.

Después de años de trayectoria en la política desde la década de los años setenta, y tras un intento fallido por llegar a la presidencia en el 2006, Andrés Manuel López Obrador se ha transformado en la figura de reforma para un país minado por la corrupción y la violencia. Fue gracias a su desempeño como Jefe de Gobierno del Distrito Federal a partir del año 2000 que AMLO elaboró una imagen en la política pública a nivel nacional. La historia le recuerda como un funcionario en directa comunicación con los medios y con un avasallante apoyo popular del 90%. Iniciativas de infraestructura como el viaducto elevado en el Anillo Periférico del Valle de México o su programa de pensiones para adultos mayores de 70 años, le transformaron en un líder “que cumple sus promesas”, según una encuesta del 2003.

Tras dos intentos en el 2006 y el 2012 de llegar a la presidencia, AMLO modificó su estrategia en el 2015 y formó el nuevo partido “Morena”, desde el cual lanzó su “Proyecto Alternativo de Nación 2012-2024” que prometía acabar con la corrupción en el país.

En agosto del 2018, AMLO ganó las elecciones presidenciales con un máximo histórico de 53.20% de los votos, y recibió la presidencia con un apoyo mayoritario en el Congreso.

Durante su discurso de inauguración, el nuevo presidente hizo más de 100 promesas al pueblo mexicano, incluyendo la transformación de la corrupción en un delito grave, reducir los salarios de los funcionarios públicos, separar el poder económico del político y respetar los contratos y decisiones de los gobiernos anteriores.

Pero parece que el efecto de AMLO irá más allá de sus promesas electorales. Según explicó The Economist, el nuevo presidente se ha transformado en un símbolo de transformación política – que su campaña ha titulado “la cuarta transformación” haciendo eco de la Revolución Mexicana de 1910 – y su presencia ha silenciado a la mayoría de sus críticos.

Su estrategia conciliadora, que contrasta con su tono durante la mayor parte de la campaña política, le ha llevado a aceptar la nueva versión del presidente Trump del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, mientras asegura que las decisiones del gobierno serán sometidas a voto del pueblo, llamadas “consultas”.

“Lo que parece una rendición de cuentas excesiva es, de hecho, una forma de acumular poder”, explica The Economist. “Los referendos marginan al Congreso. Pero AMLO está preparado para pasar por la legislatura, especialmente si teme el veredicto de la gente”.

Este tipo de decisiones reaccionarias ha hecho que muchos críticos adviertan de un posible “Hugo Chávez mexicano”, haciendo el símil con el difunto mandatario venezolano.

Según explica Foreign Policy, AMLO tendría más parecido con el formato Trump que con el de Chávez. “López Obrador pone a mucha gente nerviosa por muchas de las mismas razones que Donald Trump lo hizo durante su carrera a la Casa Blanca”, explica el medio. “López Obrador impulsó a los votantes al atacar a un sistema corrupto, hizo promesas fantásticas que parecen difíciles de compaginar con la realidad económica o fiscal, y ha coqueteado con el autoritarismo”.

Sólo el tiempo dirá cuál será la versión definitiva de este nuevo gobierno. Sin embargo, no queda duda alguna de que AMLO será un fenómeno histórico para la región.