Compendio SciCheck

Las personas que no están vacunadas contra el COVID-19 son más propensas a padecer la enfermedad grave y mueren en mayor proporción que las vacunadas. Sin embargo, cuentas partidistas en las redes sociales, incluida una publicación de un miembro del equipo legal de la campaña del expresidente Donald Trump, continúan sugiriendo de forma errónea que las vacunas son innecesarias y desaconsejan su uso.

Historia Completa

El congresista demócrata de Nueva Jersey, Frank Pallone, anunció en Twitter el 8 de abril que había dado positivo en la prueba del COVID-19.

Pallone, que tiene 70 años y está en el rango de edad con mayor riesgo de tener un pronóstico grave, también escribió: “Afortunadamente, estoy vacunado y tengo dos dosis de refuerzo, así que mis síntomas son leves”.

Poco después, Jenna Ellis, una abogada que ocupó un cargo en el equipo legal del expresidente Donald Trump, respondió con un tuit que decía: “¿Por qué estos idiotas siguen dando las GRACIAS a la vacuna? Muchas personas que NO se han vacunado también han experimentado cero síntomas o síntomas leves. Dejen de promover la vacuna”. También publicó capturas de pantalla de los tuits en Facebook e Instagram.

Este intercambio ilustra el tipo de politización de las recomendaciones de salud pública que ha dificultado la respuesta a la pandemia desde el principio.

Ya hemos escrito antes sobre las diferencias en los efectos del COVID-19 entre los que están vacunados y los que no lo están. Por lo general, los que se han vacunado tienen mejores pronósticos.

Tal y como ha explicado la Clínica Mayo, “las personas totalmente vacunadas que se contagian tienen menos probabilidades de padecer COVID-19 grave que las que no están vacunadas. Incluso cuando las personas vacunadas desarrollan síntomas, éstos tienden a ser menos graves que los experimentados por personas no vacunadas”.

Los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) muestran tasas de hospitalización significativamente más altas en pacientes con COVID-19 que no están vacunados que en los que están totalmente vacunados.

En el rango de edad de Pallone, específicamente adultos mayores de 65 años, la tasa de pacientes no vacunados por cada 100.000 que fueron hospitalizados fue de 79, mientras que la tasa de pacientes vacunados fue de 15, durante la semana que terminó el 26 de febrero, la más reciente en la que los CDC han publicado datos. Estas tasas han descendido desde un máximo de 481 y 55, respectivamente, cuando la variante ómicron del virus que causa el COVID-19 alcanzó su punto máximo en enero.

Los datos presentados el 6 de abril al comité asesor de vacunas de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) muestran que, en el caso de los adultos mayores de 65 años que pueden producir una respuesta inmunitaria normal, quienes recibieron una dosis de refuerzo tuvieron un riesgo de hospitalización por COVID-19 88% menor que los no vacunados, entre cuatro y seis meses después de recibirla (ver la diapositiva 25 del informe).

Además, varios estudios han demostrado que las vacunas han sido eficaces en la prevención del COVID-19 grave. Un estudio realizado en el Reino Unido en septiembre descubrió que, en las infecciones en vacunados, las probabilidades de no tener síntomas después de la segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19 aumentaban un 94%.

“Casi todos los síntomas fueron declarados con menos frecuencia en individuos infectados vacunados que en individuos infectados sin vacunar, y los participantes vacunados fueron más propensos a ser completamente asintomáticos, especialmente si tenían 60 años o más”, según halló el estudio, publicado en la revista The Lancet Infectious Diseases.

Otro estudio realizado en EE. UU. y publicado en julio descubrió que tanto el riesgo de fiebre como la duración de la enfermedad eran menores en los pacientes vacunados contra el COVID-19 comparado con los no vacunados. “Las vacunas de ARNm autorizadas fueron muy eficaces en prevenir la infección por SARS-CoV-2  entre adultos en edad laboral cuando se administraron en condiciones reales, y las vacunas atenuaron la carga de ARN viral, el riesgo de síntomas febriles y la duración de la enfermedad entre los que se contagiaron a pesar de estar vacunados”, señaló el estudio, publicado en el New England Journal of Medicine.

Sin embargo, ambos estudios fueron anteriores a la reciente oleada de ómicron, y ni la vacunación primaria ni la inmunidad natural fueron muy eficaces para detener la infección contra esta variante. Pero las dosis de refuerzo de la vacuna sí aumentaron la protección, según la investigación preliminar.

Así que la sugerencia de Ellis de que hay poca diferencia entre los desenlaces del COVID-19 en vacunados y no vacunados es errónea.

Un meme que ha estado circulando en cuentas de redes sociales conservadoras y lleva la declaración de Ellis un poco más lejos dice: “los no vacunados no están muriendo”. Eso es totalmente falso.

De forma similar a lo que ocurre con las tasas de hospitalización de personas no vacunadas en comparación con las vacunadas, los datos de los CDC muestran que no solo las personas no vacunadas sí están muriendo, sino que lo están haciendo en tasas significativamente más altas que las personas vacunadas.

Por ejemplo, cuando la variante ómicron alcanzó su punto máximo en enero, las personas mayores de 5 años que no estaban vacunadas tenían un riesgo 9 veces mayor de morir que las que estaban vacunadas con la serie primaria, según los CDC. El riesgo de morir de COVID-19 era 21 veces mayor en personas mayores de 12 años no vacunadas, que en personas que se vacunaron con la serie primaria y recibieron una dosis de refuerzo.

Traducido por Elena de la Cruz.

Nota del editor: El Proyecto de Vacunación/COVID-19 de SciCheck es posible gracias a una beca de la Robert Wood Johnson Foundation. La fundación no tiene control alguno sobre las decisiones editoriales de FactCheck.org, y los puntos de vista expresados en nuestros artículos no reflejan necesariamente el punto de vista de la fundación. El objetivo del proyecto es aumentar el acceso a información precisa sobre el COVID-19 y las vacunas, y reducir el impacto de información errónea.