El enojo es una emoción y una de las verdades fundamentales sobre la emoción es que busca expresión. Si entendemos esto podemos crear el tiempo y el espacio para la expresión. Si no lo hacemos, nuestras emociones buscarán expresión de todos modos y explotarán fuera de nosotros sin nuestro consentimiento.

Con la emoción del enojo, todos sabemos que puede ser difícil de controlar y muchas veces hasta se siente debilidad física después de una crisis. Se humilla, se dicen palabras ásperas, berrinches (niños y adultos), amenazas, rechazo, aislamiento, insultos, ignorar, sarcasmo, golpes, portazos, autolesiones, etc. Psicológicamente se hace sentir muy mal a otra persona, eso es abuso emocional y verbal.

¿Cómo se puede controlar el enojo?

Hay muchas maneras. La profesional de salud y trabajadora social Celina Laguna dice que se puede aprender a relajar de varias maneras:

  • Ejercicios de respiración profunda – poniendo las manos en el vientre e inhalando profundamente 4 o 5 veces hasta calmarse.
  • Autoplática – decirse a uno mismo “me tengo que calmar, me tengo que relajar, no puedo estar así”. El enojo se siente incómodo.
  • Dándonos un tiempo fuera – uno no está listo para poder hablar y necesito darme mi espacio y tiempo para calmarse. Se hace el tiempo para poder relajarse, caminar, conectarse con la naturaleza, que nos dé el aire fresco y así poder cambiar los pensamientos. Cuando estamos enojados nuestros pensamientos son negativos y tenemos que aprender a tener el control y saber que nadie tiene la culpa de mi enojo. La responsable soy yo. El enojo es prácticamente una decisión.
  • Tener una clave – primero piensa antes de actuar. Generalmente sentimos, actuamos y después pensamos “chin la regue, dije cosas que no tenía que decir!”. La meta de la relajación es poder llegar a esta clave. Tengo que pensar antes de actuar y así al hablar estaremos calmados y podremos escuchar mejor.

El enojo incontrolable es una de las principales causas de la violencia doméstica  

La violencia doméstica se manifiesta de muchas maneras, con golpes, abuso emocional, abuso verbal, abuso sexual.

“Es muy triste cuando hay una explosión y se van a los golpes. Si sabemos que perdemos el control es importante pedir ayuda para evitar hasta quitarle la vida a un ser querido en un momento de furia,” dice la experta en Salud Mental, Celia Laguna. “Es importante trabajarlo con ayuda personal”.

Este tipo de comportamiento hace bastante daño. La violencia doméstica la viven muchas familias y los niños crecen dentro de estos ambientes familiares y absorben todo lo que los padres les dan.

La educación nos empodera  

¿Cómo se puede ayudar a los hijos cuando están enojados y evitar la violencia familiar en el hogar?

“La primera ayuda es el ejemplo. Los hijos aprenden cómo los padres trabajan sus enojos,” dice Celia Laguna. Haciendo ejercicios de respiración profunda para calmarse y relajarse. Es importante observar el lenguaje corporal (si el niño tiene las manos apretadas) el enojo ocasiona muchas señales que no son agradables de sentir en nuestro cuerpo. Cada persona reacciona de manera diferente. Muchos no saben qué hacer y desafortunadamente destruyen cosas.

“Es importante ayudar a los niños y seres queridos a que sepan que no estamos aceptando esa conducta y tiene que trabajar en su control,” dice Celia Laguna. “Está bien que se enoje y no está bien que grite, destruya u ofenda. Exigir el respeto.”

Si los niños tienen rabietas exageradas en donde es tan difícil controlarlas, que no es un enojo normal es importante buscar ayuda profesional. Muchas veces hay ansiedad, falta de control y muchas de las veces tiene que haber una evaluación psicológica para saber si tienen un problema.

Celia laguna, también comenta que muchas emociones están abajo del enojo, es como una pirámide en donde el enojo está hasta arriba. Abajo de esa montaña hay emociones de impotencia, frustración, miedo. Una de las cosas que es importante trabajar es esas emociones debajo del enojo.

Las situaciones nos prenden los semáforos y perdemos el control. “Tratemos de pensar antes de actuar. Tener el valor de buscar ayuda y trabajarlo y no llegar hasta la violencia.” dice Celia Laguna.

En tiempos de pandemia

Ya llevamos dos años con el COVID-19 y durante este tiempo de pandemia en el que muchas cosas no van como nos gustaría, este tiempo de muchas frustraciones diarias, debe ser parte integral de nuestros días reinventados para tener tiempo para que cada miembro de la familia se relaje y juegue.

La clave para dar sentido a la agresión es pasar del comportamiento malo a la experiencia emocional del niño. La experiencia debajo del enojo es frustración. Lo que falta son sentimientos vulnerables. Los niños tienden a agredir cuando se enfrentan a cosas que no pueden cambiar. Los medios tradicionales de disciplina como la corrección, la confrontación, las consecuencias y el aislamiento o castigo no ayuda. Solo cuando se trabaja la raíz del problema, la agresión puede curarse de manera efectiva.

Todos necesitamos lugares, al menos unas cuantas veces a la semana, donde nuestra frustración pueda trasladarse. A menudo tenemos tanto miedo de que si le damos un centímetro a la frustración, nos llevará un kilómetro y medio. En verdad, todo lo contrario es cierto. Si le damos a nuestra frustración un espacio abierto para que fluya, será mucho menos probable que estalle cuando menos lo esperamos.

Este artículo es parte del proyecto periodístico sobre la Violencia Doméstica en la comunidad latina y cuenta con el apoyo y generosidad de Blue Shield of California Foundation.