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Estudios han demostrado que las vacunas contra el COVID-19 han prevenido enfermedades graves y muertes. Pero en internet siguen circulando afirmaciones falsas de que no funcionan. Una de ellas se basa en un gráfico engañoso que muestra las muertes acumuladas en Estados Unidos, pero omite información sobre el número de muertes entre los vacunados y los no vacunados desde que las vacunas están disponibles.

Historia completa

Los estudios han demostrado que las vacunas han evitado muertes y enfermedades graves a causa del COVID-19.

En agosto de 2021, un estudio financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), estimó que las vacunas evitaron casi 140.000 muertes en EE. UU. hasta mayo de ese año.

Un análisis más reciente, que examinó el primer año en el que estuvieron disponibles las vacunas, concluyó que sin ellas se habrían producido 1,1 millones de muertes y 10,3 millones de hospitalizaciones adicionales en EE. UU.

Pero falsedades que afirman que las vacunas no funcionan siguen difundiéndose en las redes sociales.

Una organización sin ánimo de lucro con sede en California llamada Physicians for Informed Consent (Médicos por el Consentimiento con Conocimiento) creada con el propósito de educar “al público sobre la inmunidad natural, los riesgos de las vacunas y el consentimiento con conocimiento”, compartió una publicación diseñada para parecerse a una verificación de datos. Pero en lugar de ser objetiva, difunde esta afirmación (el énfasis en negritas es del original) “Los datos de los CDC muestran que la vacunación masiva con las vacunas contra el COVID-19 no ha tenido un impacto apreciable en la mortalidad por COVID-19 en EE. UU.”.

Esa publicación ha sido compartida tanto en Facebook como en Instagram.

Aunque la publicación parece creíble, con un gráfico e información atribuida a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), en realidad es falsa.

Empezaremos con el gráfico que acompaña a la publicación.

Para apoyar su declaración de que las vacunas no han tenido “un impacto apreciable” en las muertes por COVID-19, la publicación incluye un gráfico que muestra el aumento gradual de muertes desde marzo de 2020 hasta enero de 2022 en EE. UU., con un indicador que marca la introducción de las vacunas en diciembre de 2020.

Pero el gráfico muestra el total acumulado de fallecimientos en el transcurso de la pandemia. Por lo tanto, la línea seguirá subiendo a medida que se añadan más muertes cada día. El gráfico no nos dice nada sobre el efecto de las vacunas contra el COVID-19.

Un gráfico más útil mostraría las tasas de casos y muertes diarias. A continuación, vemos que la tasa de mortalidad era mucho mayor en proporción a la tasa de casos antes de que las vacunas estuvieran ampliamente disponibles en la primavera de 2021.

https://ourworldindata.org/explorers/coronavirus-data-explorer?zoomToSelection=true&time=2020-03-01..latest&uniformYAxis=0&pickerSort=asc&pickerMetric=location&hideControls=true&Metric=Vaccine+doses%2C+cases%2C+ICU+patients%2C+and+deaths&Interval=7-day+rolling+average&Relative+to+Population=true&Color+by+test+positivity=false&country=~USA

También le preguntamos al Dr. William Schaffner, profesor de medicina preventiva en el departamento de política sanitaria y profesor de medicina en la división de enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt, sobre el gráfico utilizado en la publicación y dijo: “La otra cuestión que tenemos que recordar: esto no ha sido una pandemia, en realidad han sido tres”.

Primero estuvo la cepa original del virus que causa el COVID-19, luego, en el verano de 2021, la variante delta causó una nueva ola de infecciones y después, en diciembre, la variante ómicron se convirtió en la predominante y causó un repunte de casos.

Esas dos variantes, que surgieron en EE. UU. después de la introducción de las vacunas, eran mucho más contagiosas. Así que, señaló Schaffner, parte de la razón del aumento de las infecciones relacionadas con cada una de esas variantes es “solo una cuestión de números”.

Proporcionalmente, sin embargo, muchas menos personas terminaron perdiendo la vida, como se puede ver en los gráficos anteriores. Aunque las vacunas no son la única razón de este hecho, son una razón importante.

Ahora, en cuanto a la otra supuesta base de la afirmación, la publicación dice: “En los nueve meses anteriores a la introducción de la vacunación masiva (de abril de 2020 a diciembre de 2020), se produjeron unas 356.000 muertes por COVID-19. En los nueve meses posteriores a la introducción de la vacunación masiva, se produjeron 342.000 muertes por COVID-19 (de enero de 2021 a septiembre de 2021) y 182.000 muertes adicionales por COVID-19 en los cuatro meses siguientes (de octubre de 2021 a enero de 2022)”.

Esas cifras son básicamente correctas, pero lo que el artículo no menciona es que esos dos períodos de nueve meses fueron muy diferentes. En gran parte del primer periodo, algunas áreas del país estaban bajo órdenes de permanecer en casa y mandatos de uso de mascarillas y distancia física. En el segundo, mucha más gente salía fuera de casa. Simplemente comparar las muertes en esos dos periodos de tiempo no permite saber si las vacunas salvaron vidas.

“Había muchas variables en juego en ese tiempo”, dijo Schaffner.

“El análisis del antes y el después presupone que las circunstancias eran las mismas, pero no lo eran”, dijo.

Y lo que es más importante, la mayoría de las muertes que ocurrieron después de que las vacunas estuvieran disponibles fueron entre personas no vacunadas.

Un estudio que analiza la eficacia de las vacunas contra las variantes delta y ómicron del virus que causa el COVID-19 fue publicado en el número del 28 de enero del Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad (MMWR, por sus siglas en inglés) de los CDC. El estudio concluyó que, en general, las personas que tenían la vacuna completa y la dosis de refuerzo obtuvieron mejores resultados contra cada variante, mientras que las que no estaban vacunadas obtuvieron los peores resultados.

“Durante octubre y noviembre, las personas no vacunadas corrían un riesgo 13,9 y 53,2 veces mayor de contraer la infección y de fallecer debido al COVID-19, respectivamente, en comparación con las personas con la vacuna completa que recibieron una dosis de refuerzo, y un riesgo 4,0 y 12,7 veces mayor en comparación con las personas con la vacuna completa sin dosis de refuerzo”, según el estudio.

El gráfico anterior detalla la tasa de mortalidad por COVID-19 según el estado de vacunación, mostrando que las personas no vacunadas representan la mayoría de las muertes desde que las vacunas se distribuyeran ampliamente en la primavera de 2021.

Physicians for Informed Consent no mencionó la diferencia entre las tasas de mortalidad de los vacunados frente a los no vacunados porque “es una hipótesis no demostrada que parece basarse en un conjunto de datos que dependen de las características de las pruebas de los sujetos observados”, nos dijo en un correo electrónico Greg Glaser, consejero general y director de la Coalición Nacional de Physicians for Informed Consent.

Glaser citó la segunda de las cinco limitaciones explicadas en el reciente estudio de los CDC, según el cual “este estudio ecológico carece de ajustes multivariables y no se pudo determinar causalidad. Las posibles diferencias en las pruebas, la inmunidad derivada de la infección, la disminución de la inmunidad derivada de la vacuna o los comportamientos de prevención según la edad y el estado de vacunación podrían explicar en parte las diferencias en las tasas entre los grupos; es probable que las tendencias se vean afectadas por los cambios temporales en las pruebas o los informes”.

Pero Schaffner explicó que lo que Glaser señaló es solo el reconocimiento habitual de limitaciones que se incluye en estudios científicos.

“En este caso tienes gente sobreinterpretando”un lenguaje “bastante estándar”, dijo, explicando que se llama el párrafo de limitaciones. Es un reconocimiento de que no se puede hacer un estudio perfecto en el mundo de la misma manera que se podría hacer en un laboratorio.

“Tienes que reconocer que hay cosas que pasan en el alboroto del mundo”, dijo, e incluir un párrafo de limitaciones es una forma de decir que “ningún estudio es perfecto y el nuestro tampoco lo es”.

Schaffner señaló que Physicians for Informed Consent no incluyó un párrafo de limitaciones en su publicación.

“No consideran las diferencias entre las variantes delta y ómicron, no consideran las diferencias entre las pruebas y sus métodos”, dijo.

Además, otros estudios que han tratado de tener en cuenta la variedad de diferencias entre grupos de población, han determinado repetidamente que las vacunas son muy eficaces. Por ejemplo, un estudio del Reino Unido que evaluó la eficacia de la vacuna comparando el estado de vacunación de las personas que dieron positivo por COVID-19 con las que tenían síntomas pero dieron negativo, encontró que la vacuna de dos dosis de Pfizer/BioNTech era un 88% eficaz en prevenir enfermedades sintomáticas con la variante delta.

La conclusión, dijo Schaffner, es que “las autoridades de salud pública, los especialistas en enfermedades infecciosas de todo el mundo, en países con culturas e idiomas diversos, han examinado los datos… y existe, en esta comunidad profesional mundial, un reconocimiento entusiasta de que estas vacunas son muy eficaces en prevenir enfermedades graves”.

Traducido por Elena de la Cruz.

Nota del editor: El Proyecto de Vacunación/COVID-19 de SciCheck es posible gracias a una beca de la Robert Wood Johnson Foundation. La fundación no tiene control alguno sobre las decisiones editoriales de FactCheck.org, y los puntos de vista expresados en nuestros artículos no reflejan necesariamente el punto de vista de la fundación. El objetivo del proyecto es aumentar el acceso a información precisa sobre el COVID-19 y las vacunas, y reducir el impacto de información errónea.