En el Valle de San Joaquín de California, el pueblo agrícola de Corcoran tiene un problema multimillonario. Es casi imposible de ver, más sin embargo, es tan grande que ha ocasionado que los científicos de la NASA utilicen la tecnología satelital para comprenderlo plenamente.

Corcoran se está hundiendo.

En los últimos 14 años, la ciudad se ha hundido hasta 11.5 pies en algunas partes. Lo suficiente para tragarse todo el primer piso de una casa de dos pisos y ocasionalmente, hacer de Corcoran una de las zonas de más rápido hundimiento en el país, según los expertos del Servicio Geológico de los Estados Unidos.

Hundimiento, es el término técnico para el fenómeno que es la deflación a cámara lenta de la tierra que se produce cuando grandes cantidades de agua se retiran de las profundidades subterráneas, haciendo que los sedimentos subyacentes caigan sobre sí mismos.

Cada año, las 7.47 millas cuadradas de Corcoran y sus 21,960 residentes se hunden un poco más, ya que el suelo se sumerge desde unos pocos centímetros hasta casi dos pies. No se derrumban casas, edificios o caminos. El hundimiento no es tan dramático, pero el impacto en la topografía de la ciudad y en los bolsillos de los residentes ha sido significativo. Y mientras que la información más reciente del satélite mostró que Corcoran se ha hundido solo unos cuatro pies en algunas áreas desde 2015, una agencia de gestión del agua estima que la ciudad se hundirá entre otros seis a 11 pies en los próximos 19 años.

Las cubiertas de los pozos de agua potable ya han sido aplastadas. Las zonas de inundación han cambiado. El dique de la ciudad tuvo que ser reconstruido a un costo de

 $10 millones; las facturas de impuestos a la propiedad de los residentes aumentaron aproximadamente $200 al año durante tres años, un precio excesivo en un lugar donde el ingreso promedio es de $40,000.

La razón principal por la que Corcoran ha estado hundiéndose no es la naturaleza. Es la agricultura.

En Corcoran y otras partes del Valle de San Joaquín, la tierra ha disminuido gradualmente pero de manera constante, principalmente porque las empresas agrícolas han bombeado agua subterránea durante décadas para regar sus cultivos, según el U.S.G.S. California Water Science Center.

Cuando los agricultores no obtienen suficiente agua superficial de los ríos locales o de los canales que llevan el agua del río Norte de California al Valle de San Joaquín, optan por hacer uso de lo que se conoce como agua subterránea, que es el agua bajo la superficie de la Tierra y que debe ser bombeada. Lo han hecho por generaciones.

La situación de Corcoran no es única. En Texas, el área de Houston-Galveston se ha estado hundiendo desde el siglo XIX. Partes de Arizona, Luisiana y Nueva Jersey han lidiado con problemas de hundimiento. Los cimientos de las iglesias de la Ciudad de México se han inclinado y un estudio de 2012, reveló que Venecia  se estaba hundiendo a un ritmo de .07 pulgadas por año.

Pero, la explicación de por qué Corcoran llegó a sumergirse casi 12 pies en más de una década, es una historia no de tierra, sino de agua. En la región central de California, dominada por la agricultura, el agua es energía. Tan es así, que muchos residentes y líderes locales minimizan el hundimiento de la ciudad o lo ignoran por completo. Pocos en Corcoran están dispuestos a criticar a las empresas agrícolas que proveen empleos en una región que está ayudando a causar un problema geológico poco conocido y que nadie puede ver.

“Es un riesgo para nosotros”, dijo Mary Gonzáles-Gómez, residente de toda la vida de Corcoran y presidenta de la Junta de Educación del Condado de Kings. “Todos lo sabemos, pero, ¿qué vamos a hacer? No hay nada que podamos hacer. Y no quiero mudarme”.

Un paisaje modificado

Se conoce como el cuenco de Corcoran al área en medio de los campos agrícolas ubicada cerca del Condado de Kings que se extiende hasta 60 millas. El cuenco es la región del hundimiento profundo en la tierra, con Corcoran en el centro: un sumidero a paso de caracol.

Jay Famiglietti ayudó a identificar el cuenco de Corcoran, aunque durante gran parte de su carrera trabajó para una agencia centrada más en lo que hay en el espacio exterior que en lo que hay debajo del suelo. Es un ex científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el centro de investigación en el sur de California conocido por ayudar a las misiones de exploración planetaria.

Los científicos del laboratorio de la NASA han establecido un vínculo inusual con Corcoran luego de pasar años rastreando hundimientos allí y en otras partes del Valle de San Joaquín, mediante el uso de radar y tecnología satelital.

Famiglietti, quien actualmente es el director del Instituto Global para la Seguridad del Agua de la Universidad de Saskatchewan, en Canadá, comenzó a advertir en 2009 sobre los graves hundimientos en el valle basándose en imágenes de satélite. Años después, Cathleen Jones, una de sus colegas del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA,documentó más de 30 pulgadas de hundimiento al oeste de Corcoran.

“No hay manera de evitarlo”, dijo Famiglietti. “La escala del cuenco que se ha creado a partir del bombeo es grande y quizá por eso la gente no lo percibe. Pero un análisis cuidadoso demostrará que hay mucha infraestructura que potencialmente está en riesgo”

Parte de esa infraestructura ya ha sido dañada.

El Distrito de Irrigación de Corcoran tuvo que instalar tres estaciones de elevación para bombear agua a través de zanjas. El agua corría solo por la gravedad, pero el hundimiento creó grietas en las zanjas y causó que el agua se acumulara en lugar de fluir a través de ellas. Durante una década, el distrito gastó $1.2 millones en estaciones de elevación para ayudar a irrigar el agua, costos pagados por los agricultores.

La tierra que se hundía aplastó los casquillos de cuatro pozos de agua potable utilizados por la ciudad. El seguro pagó por dos pozos nuevos, pero los impuestos municipales se utilizaron para volver a perforar los otros dos a un costo de $600,000.

Y también estaba el dique cuya reconstrucción costó $10 millones en 2017. El dique se había hundido de 195 pies cuando fue construido en 1983, a 188 pies en 2017.

“Nuestros residentes estuvieron duramente perjudicados”, dijo Dustin Fuller, director del Distrito de Control de Inundaciones de Cross Creek y quien dirigió las reparaciones de  los diques. Además de las facturas más altas de impuestos a la propiedad, por primera vez algunos residentes compraron seguros contra inundaciones.

Amec Foster de la  compañía de ingeniería Wheeler Environment and Infrastructure Inc., examinó cómo es que el hundimiento cerca de Corcoran podría afectar la construcción de la línea de ferrocarril de alta velocidad de California, una sección de la cual se está construyendo a lo largo del borde oriente de la ciudad. El hundimiento había alterado tanto la topografía, que tres zonas de inundación parecían estar fusionándose. Las zonas de inundación consolidadas podrían hundir a Corcoran y a los pueblos cercanos en 16 pies de agua en una inundación perjudicial, según el informe de los ingenieros.

Los ingenieros notificaron sus preocupaciones a las agencias estatales. Pero ninguna agencia estaba rastreando los daños a la infraestructura por hundimiento y no se tomaron medidas como respuesta a su informe.

Ana Facio-Krajcer contribuyó a este reportaje. 

Este artículo fue producido por SJV Water, el Center for Collaborative Investigative Journalism (CCIJ) y The New York Times.  La colaboración entre SJV Water y CCIJ fue liderada por el Instituto de Noticias sin Fines de Lucro (INN), como parte del proyecto titulado “Explotados: Poder, justicia y agua en el oeste”.

Traducido por Gisela Orozco