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Estudios clínicos y del mundo real han demostrado que las vacunas contra el COVID-19 son eficaces para prevenir enfermedades graves, y los requisitos de vacunación en Estados Unidos cuentan con una larga trayectoria. Sin embargo, una lista de afirmaciones falsas compartida en todo el mundo en los últimos meses, atribuye erróneamente características y requisitos especiales a las vacunas contra el COVID-19.

Historia completa

Una publicación en redes sociales en la que se comparte una lista de afirmaciones falsas sobre las vacunas contra el COVID-19 ha inundado los rincones de la extrema derecha en internet durante los últimos siete meses, sembrando dudas sobre vacunas que han probado ser seguras y eficaces.

La lista repite algunas aseveraciones generales sobre las vacunas que ya hemos abordado antes e incluye algunas nuevas, que explicaremos a continuación.

Y ha aparecido en todo tipo de foros en línea: en la sección de comentarios de un sitio web de noticias, como una carta al director, en Reddit, destacada en el sitio web de un neonazi británico y autodenominado “veterano de los derechos de los blancos”, como texto principal de un sitio web australiano llamado antivaxxs.com. Y, por supuesto, ha sido publicada en todas partes en las redes sociales, desde sitios web de la extrema derecha como Gab hasta sitios convencionales como Facebook.

La lista también se ha publicado en filipino, portugués, español y francés.

No sabemos dónde se originó, pero las primeras versiones que pudimos encontrar empezaron a circular en el verano de 2021. Intentamos contactar a algunos de los que la publicaron por primera vez en Facebook, pero no obtuvimos respuesta. Ninguno de ellos cita la fuente original y, con el tiempo, las publicaciones empezaron a atribuirse a una enfermera no identificada.

Recientemente, han circulado publicaciones que atribuyen la lista a un médico afiliado al Hospital Johns Hopkins, con el nombre del hospital mal escrito. Una en inglés y otra en portugués, pero cada una cita a un autor diferente. La versión en inglés indica que es de un virólogo llamado James Kelly, pero no hay nadie con ese nombre y descripción con licencia para ejercer medicina en Maryland, donde se encuentra el Johns Hopkins.

A continuación, el texto de la publicación con las afirmaciones que abordaremos en negrita:

A continuación, abordaremos cada una de sus afirmaciones:

“Nunca había visto una vacuna que me obligara a usar una mascarilla y a mantener una distancia social”.

No es la vacuna la que obliga a la gente a usar mascarillas, sino la enfermedad.

Los funcionarios de salud pública empezaron a recomendar el uso de mascarillas en un intento de frenar la propagación del virus respiratorio en la primavera de 2020, cuando las vacunas aún no estaban disponibles para el público. A medida que la pandemia ha ido evolucionando, han ajustado sus recomendaciones sobre las medidas de seguridad como usar mascarillas o mantenerse a seis pies de distancia de los demás.

Por ejemplo, en mayo de 2021, después de que las vacunas estuvieran ampliamente disponibles en EE. UU., los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) cambiaron su recomendación para indicar: “Las personas con la vacuna completa pueden reanudar sus actividades sin usar una mascarilla o distanciarse físicamente, excepto cuando lo exijan las leyes, directrices y reglamentos federales, estatales, locales, tribales o territoriales, incluidas las normas en empresas y lugares de trabajo locales”.

Luego, en julio, después de que surgiera la variante delta y de que las tasas de vacunación se rezagaran en algunas áreas, los CDC respondieron recomendando que todo el mundo, incluso aquellos con la vacuna, llevaran mascarillas en espacios cerrados en áreas con tasas de contagio significativas o elevadas.

Del mismo modo, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud , hizo hincapié en la orientación global de su organización en otoño, diciendo: “incluso si está vacunado, siga tomando precauciones para evitar infectarse y para evitar infectar a otra persona que podría morir. Eso significa usar una mascarilla, mantener la distancia, evitar aglomeraciones y reunirse con otras personas al aire libre si se puede, o en un espacio interior con buena ventilación”.

Tal y como explicó la OMS en su momento, la organización recomendaba usar una mascarilla y mantener una distancia física de los demás después de la vacunación porque no todo el mundo puede vacunarse y ninguna vacuna es 100% efectiva.

“Nunca había oído hablar de una vacuna que propague un virus incluso después de la vacunación”.

Como acabamos de señalar, ninguna vacuna es eficaz al 100%, lo que significa que algunas personas con la vacuna completa pueden infectarse con el patógeno contra el cual se han vacunado y contagiar a otras. Es lo que se conoce como una infección posvacuna.

“Aunque el término puede resultar desconocido para la mayoría de la gente, las infecciones en vacunados se han visto muchas veces antes con otras vacunas que protegen contra otras enfermedades”, explicó el Dr. Devang Sanghavi, especialista en cuidados intensivos de la Clínica Mayo, en un artículo para la Asociación Médica Estadounidense.

“Ahora es más conocido debido al COVID, la pandemia y la forma en que ha generado atención mundial… pero en el pasado las vacunas tradicionales también han presentado infecciones en vacunados, por lo que esto no es nuevo”, dijo.

Las vacunas contra la gripe, por ejemplo, son las que más se asocian a infecciones posvacunas, según un artículo publicado en Scientific American. Tara Smith, profesora de epidemiología de la Facultad de Salud Pública de la Universidad Estatal de Kent, explicó que si se hiciera un seguimiento de los casos de gripe en vacunados tan estrecho como el de los casos de COVID-19, la cifra sería mucho mayor. Los casos de infecciones de COVID-19 en vacunados, dijo, son “algo normal”, en comparación con las que se producen con otras vacunas.

Como hemos explicado antes, las vacunas contra el COVID-19 que han sido autorizadas o aprobadas en EE. UU. han sido muy eficaces en la prevención de enfermedades sintomáticas, hasta que la variante ómicron se convirtió en la dominante. Pero los primeros estudios de ómicron muestran que las dosis de refuerzo aumentan sustancialmente la protección contra la nueva variante.

Por ejemplo, un estudio reciente de los CDC descubrió que una tercera dosis de las vacunas de ARNm aumentaba la eficacia contra hospitalizaciones cuando predominaba ómicron, de un 57% a los seis meses o más después de recibir la segunda dosis de ARNm, al 90% al menos 14 días después de la tercera dosis.

Un análisis reciente de casos de infecciones en vacunados del Departamento de Salud Pública de Massachusetts descubrió que las vacunas mantuvieron a los pacientes con vida y fuera del hospital en casi el 97% de los casos de contagio posvacuna. También encontró que los que no estaban vacunados tenían 31 veces más probabilidades de infectarse con el virus que causa el COVID-19 que los que estaban totalmente vacunados y habían recibido una dosis de refuerzo.

Ese análisis cubrió el año a partir del cual las vacunas estuvieron disponibles, desde diciembre de 2020 hasta principios de diciembre de 2021. Así que no incluyó datos en el contexto de ómicron como variante dominante, lo que ocurrió a finales de diciembre.

Según los CDC, las vacunas siguen siendo eficaces para prevenir enfermedades graves, pero datos recientes apuntan a que su eficacia disminuye con el paso del tiempo, especialmente en el caso de los mayores de 65 años. La agencia destacó la importancia de vacunarse y de obtener la dosis de refuerzo para combatir la variante ómicron.

“Nunca había oído hablar de premios, descuentos, incentivos para vacunarse”.

Los programas de incentivos, incluidos aquellos que han ofrecido productos para bebés, certificados de regalo para tiendas de alimentos o dinero en efectivo, se han utilizado durante décadas y las investigaciones han demostrado que son eficaces para aumentar la vacunación.

“Los incentivos de vacunación tienen sus raíces en la sicología de cómo las personas toman decisiones económicas y de salud”, explicó el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de EE. UU. (HUD, por sus siglas en inglés) en una hoja informativa sobre los programas. “Los estudios sobre los programas de incentivos de vacunación demuestran que resultan en un mayor cumplimiento de las vacunas recomendadas”, dijo el HUD, citando seis ejemplos.

En 2015, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos Comunitarios del Departamento de Salud y Servicios Humanos recomendó el uso de estos programas, citando una revisión económica de siete estudios que evaluaron varias ofertas.

“Las pruebas indican que incluso los incentivos modestos pueden ser eficaces para aumentar las tasas de vacunación y el alcance puede ser sustancial cuando dichos incentivos se ofrecen como parte de los beneficios incluidos en los planes de salud”, dice la recomendación del grupo de trabajo.

En junio, el Departamento de Salud Global y Medicina Social del Instituto Blavatnik de la Facultad de Medicina de Harvard publicó un estudio sobre el potencial de los incentivos para aumentar las tasas de vacunación contra el COVID-19, e incluía la misma conclusión.

“Hay pruebas sólidas que sugieren que los programas de incentivos y premios para vacunarse pueden ser eficaces en aumentar la adopción de la vacunación contra el COVID-19”, halló el análisis.

“Sin embargo”, advierte el estudio, “los estados tienen la tarea de diseñar e implementar sistemas de programas de incentivos que se enfoquen eficazmente en las poblaciones reticentes a las vacunas respectivas y deben considerar variaciones en los tipos de incentivos y las cantidades (monetarias o no monetarias), las poblaciones a las que se dirigen (población adolescente o adultos mayores, pacientes o proveedores) y la duración de los programas con premios”.

De hecho, los estados de todo el país han ofrecido incentivos para fomentar la vacunación contra el COVID-19. Entre ellos se incluyen pases para parques en varios estados, la posibilidad de cenar con el gobernador de Nueva Jersey y pases para parques de atracciones en Illinois, entre otros.

“Nunca había visto una vacuna utilizada para amenazar modos de vida, lugares de trabajo o escuelas”.

Esta afirmación parece referirse a los requisitos de la vacunación contra el COVID-19, los cuales han sido políticamente divisorios.

Pero los requisitos de vacunación, tanto en escuelas como en lugares de trabajo, existen desde mucho antes del COVID-19.

De hecho, el primer requisito de vacunación en EE. UU. se produjo hace más de 200 años y es anterior a la vacunación moderna. En 1777, George Washington mandó que todos los soldados que luchaban en la Guerra de la Independencia fueran inoculados contra la viruela, que estaba haciendo estragos en el Ejército Continental. La inoculación se realizaba mediante un proceso llamado variolación, que consistía en inhalar o introducir bajo la piel pus extraído de las llagas de la viruela de los pacientes que padecían la enfermedad.

En 1809, tras el desarrollo de las vacunas, Massachusetts se convirtió en el primer estado en ordenar la vacunación, según un informe del Servicio de Investigación del Congreso. En 1827, Boston se convirtió en la primera ciudad en imponer la vacunación a los alumnos de las escuelas públicas. Otros estados siguieron sus pasos.

Esos primeros mandatos se referían a la viruela, que era un problema recurrente en los Estados Unidos de antaño y mataba a una media de tres de cada diez personas que la contraían, según los CDC. Sin embargo, a finales del siglo XX, una campaña mundial de vacunación había erradicado la enfermedad.

En la actualidad, los 50 estados exigen a los alumnos varias vacunas para poder asistir a la escuela, aunque cada uno ofrece exenciones médicas y 44 (más Washington, D.C.) conceden exenciones religiosas, según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales. Los estados suelen seguir las orientaciones federales sobre el calendario de vacunación recomendado, según un informe del Centro de Investigación de Políticas, Prácticas y Prevención de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Illinois Chicago.

Algunos estados también exigen que los trabajadores en centros médicos o de cuidados a largo plazo tengan varias vacunas. Por ejemplo, 15 estados exigen que los trabajadores de la salud en hospitales se vacunen contra el sarampión, las paperas o la rubeola, según datos de los CDC.

También existen algunas ordenanzas locales que exigen a trabajadores en restaurantes vacunarse contra la hepatitis A. San Luis, Misuri; el condado de Franklin, Misuri; Ashland, Kentucky; y el condado de Boyd, Kentucky, exigen esa vacuna.

Así que, al contrario de lo que se afirma en la publicación, los requisitos de vacunación en lugares de trabajo y escuelas no son nada nuevo.

“Nunca había visto una vacuna que permita a un niño de 12 años obviar el consentimiento de sus padres”.

Los CDC recomiendan que todos los mayores de 5 años se vacunen contra el COVID-19. En la actualidad, la vacuna de Pfizer/BioNTech es la única autorizada para uso en niños en EE. UU.

En casi todos los estados, se requiere el consentimiento de los padres para que los menores se vacunen, según un análisis de la Kaiser Family Foundation actualizado por última vez en octubre.

Algunos estados permiten que los menores de 18 años se vacunen sin el permiso de sus padres, pero solo cinco de ellos (y el Distrito de Columbia) permiten que lo hagan los menores de 12 años.

Este es el desglose:

Estas leyes se aplican a la mayoría de las vacunas, incluidas aquellas contra el COVID-19.

Dos ciudades, Filadelfia y San Francisco, han hecho concesiones específicas para las vacunas contra el COVID-19. En Filadelfia, los mayores de 11 años pueden vacunarse contra el COVID-19 sin el consentimiento de los padres y en San Francisco pueden hacerlo los mayores de 12 años.

Por lo tanto, en la mayoría de los casos las normas sobre el consentimiento de los padres no son diferentes en las vacunas contra el COVID-19 que en otras vacunas y, en la mayoría de los estados, los menores necesitan el consentimiento de los padres.

¡Es una vacuna potente! Hace todas estas cosas menos INMUNIZAR”.

Hay dos tipos de vacunas disponibles en EE. UU. Hay vacunas de ARNm, como las de Pfizer y de Moderna, y hay una vacuna de vector viral de Johnson & Johnson.

Aunque hay diferencias en los detalles de cómo funciona cada uno de esos tipos de vacunas, ambos tipos funcionan a grandes rasgos indicando al sistema inmunitario cómo reconocer características clave del virus que causa el COVID-19 y haciendo que el sistema inmunitario produzca anticuerpos que lo combatan.

Sabemos que son eficaces en crear inmunidad porque los ensayos clínicos mostraron una eficacia de más del 90% en las vacunas de ARNm y del 66% en la vacuna de vector viral. Otros estudios han demostrado que son eficaces en el mundo real y que siguen siendo muy efectivas en prevenir enfermedades graves.

Además, los datos de los CDC muestran que el número de muertes por el COVID-19 comenzó a disminuir notablemente a medida que las vacunas se hacían más accesibles, una tendencia que continuó hasta que surgió la variante delta y las tasas de vacunación disminuyeron.

Traducido por Elena de la Cruz.

Nota del editor: El Proyecto de Vacunación/COVID-19 de SciCheck es posible gracias a una beca de la Robert Wood Johnson Foundation. La fundación no tiene control alguno sobre las decisiones editoriales de FactCheck.org, y los puntos de vista expresados en nuestros artículos no reflejan necesariamente el punto de vista de la fundación. El objetivo del proyecto es aumentar el acceso a información precisa sobre el COVID-19 y las vacunas, y reducir el impacto de información errónea.