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Una dosis de refuerzo de la vacuna contra el COVID-19 aumenta la protección contra el coronavirus. Pero en una entrevista, el comediante Bill Maher dijo incorrectamente que las dosis de refuerzo “no servían para nada” y podían causar el “agotamiento del sistema inmunitario”. Otros han hecho afirmaciones similares en internet. La idea de que el sistema inmunitario se agotaría no tiene ningún fundamento, incluso después de repetidas dosis de refuerzo.

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Los datos muestran que las personas que han recibido una dosis de refuerzo de la vacuna contra el COVID-19 (ya sea una tercera dosis de la vacuna de ARNm de Pfizer/BioNTech o de Moderna, o una segunda dosis de la vacuna de Johnson & Johnson) tienen menores probabilidades de contraer la infección por el coronavirus, al menos temporalmente, incluso por la variante ómicron que es ahora la dominante. Las vacunas de refuerzo también aumentan la protección contra la enfermedad grave. Y no hay ninguna evidencia de que el refuerzo de las vacunas contra el COVID-19 pueda agotar el sistema inmunitario.

“El agotamiento del sistema inmunitario no ocurre por estimularlo periódicamente”, como con las vacunas, nos dijo E. John Wherry, inmunólogo de la Factultad Perelman de Medicina de la Universidad de Pensilvania.

Pero Bill Maher, comediante y conductor de programas de entrevistas conocido por su sátira política, dijo lo contrario en una entrevista reciente con el sitio web de entretenimiento Deadline.

“Es decir, estamos en un lugar muy diferente con el COVID del que estábamos la última vez que estuve al aire, y es que sabemos que las vacunas no nos impiden transmitirlo ni contraer la enfermedad”, dijo Maher en la entrevista que se publicó el 21 de enero, como adelanto de su regreso al programa de entrevistas “Real Time with Bill Maher”.

“Eso ahora es un hecho. Solo evitan que usted se muera, lo cual es muy importante, no lo subestimemos”, continuó. “Pero si no le impiden transmitirlo y no evitan que lo contraiga, ¿por qué seguimos tratando esta enfermedad como siempre lo hemos hecho? ¿Y para qué m*erda sirve una vacuna de refuerzo? Porque yo nunca me pondré una vacuna de refuerzo”.

Maher continuó diciendo que las vacunas de refuerzo eran “inútiles” y sugirió que de alguna manera harían más difícil para el sistema inmunitario luchar contra el virus, citando un artículo en el New York Times sobre las cuartas dosis de ARNm que se dan en Israel.

“Ahora, esto lo leí en la portada del New York Times, que es una publicación que está muy a favor de las vacunas, e incluso publicaron que muchos científicos en Israel estaban en contra de esto, científicos y médicos, porque dijeron que podría tener un efecto inverso, algo llamado agotamiento del sistema inmunitario”, dijo. “Bueno, yo no quiero eso, ¿usted? Entonces, ¿ahora no está protegido por la vacuna ni por su sistema inmunitario? No me parece.”

Varios medios conservadores han promovido las declaraciones de Maher, compartiéndolas en Facebook. Children’s Health Defense, la organización antivacunas de Robert F. Kennedy Jr., también ha hecho afirmaciones similares sobre el agotamiento o la sobrecarga del sistema inmunitario, basándose en el artículo del New York Times y en una malinterpretación de un comunicado de prensa de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés).

Maher tiene derecho a sus opiniones sobre si la estrategia de salud pública debe cambiar, pero está equivocado en cuanto a las dosis de refuerzo de las vacunas y los posibles problemas con su administración frecuente. La administración repetida de dosis de refuerzo, sin dejar pasar mucho tiempo entre una y otra, puede no proporcionar mucho beneficio adicional, y existe la preocupación teórica de que, dependiendo de cómo se haga, la administración de múltiples dosis de refuerzo adicionales podría hacer más difícil responder a nuevas variantes. Pero no se espera que los refuerzos causen ningún tipo de “agotamiento del sistema inmunitario”.

Beneficio de las vacunas de refuerzo

Las dosis de refuerzo de las vacunas no son “inútiles”. Si bien es cierto que dos dosis de las vacunas de ARNm todavía proporcionan buena protección contra la enfermedad grave, por lo que la vacunación de las personas no vacunadas es la primera prioridad para muchos expertos en salud pública, las vacunas de refuerzo le dan una sacudida al sistema inmunitario.

“El refuerzo tiene un beneficio evidente en los grupos de mayor edad, al mantenerlos fuera del hospital”, dijo Wherry, “y un beneficio claro incluso en las personas más jóvenes, al prevenir o reducir la incidencia de la infección, muy probablemente reduciendo la transmisión y la duración de la enfermedad” si una persona está infectada.

Las últimas cifras de la COVID-NET de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), por ejemplo, muestran que para el mes de diciembre, que es cuando surgió la variante ómicron y se convirtió en la predominante, los adultos no vacunados mayores de 50 años tenían 18 veces más probabilidades de tener una hospitalización asociada al COVID-19 que las personas con la vacuna completa. Cuando se compara con los individuos que recibieron la dosis de refuerzo, esas cifras aumentan 46 veces para las personas de 50 a 64 años y 52 veces para los mayores de 65 años.

Para Maher, que acaba de cumplir 66 años, tener la vacuna de refuerzo ofrece mejores probabilidades de evitar una hospitalización a causa del COVID-19.

Como ya hemos escrito, muchos otros estudios han identificado beneficios similares de las vacunas de refuerzo, incluido un estudio de los CDC del 21 de enero que encontró que la eficacia de la vacuna de ARNm contra la hospitalización en adultos durante la predominancia de la variante ómicron era del 90%, al menos dos semanas después de la tercera dosis, frente al 57% seis meses o más después de una segunda dosis.

Los CDC recomiendan una vacuna de refuerzo para todos los mayores de 12 años. Los adultos pueden recibir cualquiera de las vacunas de ARNm al menos cinco meses después de recibir la segunda dosis, o la vacuna de Johnson & Johnson al menos dos meses después de la dosis única, aunque se prefiere las vacunas de ARNm. Los adolescentes elegibles únicamente pueden recibir la vacuna de Pfizer/BioNTech.

El ‘agotamiento del sistema inmunitario’ no es una preocupación

La segunda afirmación de Maher de que las vacunas de refuerzo pueden causar el “agotamiento del sistema inmunitario” también es equivocada. Es cierto que el asunto fue mencionado en un artículo del New York Times del 23 de diciembre. La reportera usó el término “una especie de agotamiento del sistema inmunitario” y lo atribuyó a “algunos miembros” del panel asesor de vacunas del gobierno israelí, según “un resumen escrito” que el periódico obtuvo de la discusión del panel sobre si recomendar la administración de cuartas dosis a las poblaciones de mayor riesgo, una decisión que el grupo apoyó.

Sin embargo, el Dr. Tal Brosh-Nissimov, miembro del consejo asesor, cuestionó parte de ese informe. “Los expertos que plantearon estas inquietudes no fueron parte de la discusión en el consejo asesor sobre la vacunación contra el COVID-19”, nos dijo en un correo electrónico. “Lo discutieron en los medios. Algunos de ellos se reunieron con nosotros más tarde y plantearon sus inquietudes”.

Las inquietudes, dijo, eran sobre los linfocitos T y “un posible estrechamiento de la amplitud de la respuesta de los anticuerpos”, este último, como explicaremos más adelante, es un posible problema con la administración continua de refuerzos, dependiendo del diseño de la vacuna. Brosh-Nissimov dijo que “no hay datos científicos que apoyen” estas inquietudes “en este momento”.

En cualquier caso, los científicos nos dijeron que el agotamiento del sistema inmunitario no es algo de que preocuparse con las vacunas contra el COVID-19.

“No hay ninguna evidencia de que las dosis de refuerzo causen agotamiento del sistema inmunitario”, Wherry nos dijo en una entrevista telefónica, añadiendo más tarde en un correo electrónico que no encontró “ninguna justificación… para destacar la preocupación por el agotamiento del sistema inmunitario” y que no estuvo de acuerdo con la forma en que el New York Times presentó el tema.

No está del todo claro qué es el “agotamiento del sistema inmunitario” dado que no es un término técnico. Pero en inmunología, hay un concepto conocido como agotamiento de linfocitos T, que es cuando las células inmunitarias conocidas como linfocitos T dejan de funcionar normalmente después de ser estimulados continuamente por antígenos, como los de un virus o tumor.

Wherry, que estudia el fenómeno, dijo que el agotamiento ocurre solo si no hay un descanso o una pausa entre las estimulaciones antigénicas, lo cual no es el caso con la administración periódica de dosis de refuerzo.

“Recibir un refuerzo cada año o recibir uno incluso cada cuatro meses simplemente no inducirá el agotamiento”, dijo. “Es un proceso fundamentalmente distinto”.

En cambio, el agotamiento ocurre en las infecciones crónicas, como con la hepatitis C o el VIH, o en el cáncer con los tumores que el sistema inmunitario no puede controlar o eliminar.

Y el propio COVID-19, no las vacunas, posiblemente podría desencadenar el agotamiento, dijo Wherry, ya que ha habido informes de que algunos pacientes inmunodeprimidos han estado infectados por el SARS-CoV-2, o el coronavirus, durante semanas o meses. “Así que, en todo caso, recibir las dosis de refuerzo y vacunarse evitaría el agotamiento”, dijo Wherry.

Incluso con la vacunación diaria, una hipótesis extrema que nadie está proponiendo, Wherry dijo que el agotamiento de los linfocitos T sería poco probable con las vacunas contra el COVID-19 porque estas son buenas en generar anticuerpos eficaces.

Con las vacunas contra el COVID-19 autorizadas y aprobadas, el cuerpo recibe instrucciones de producir temporalmente su propia proteína de la espícula (una proteína en la superficie del coronavirus), de modo que el sistema inmunitario pueda montar una respuesta protectora. Esto incluye la producción de anticuerpos, o proteínas en forma de Y, que pueden aferrarse al virus y eliminarlo.

“Los anticuerpos que uno genera contra la espícula, de hecho limitarán cuánta exposición tendrán los linfocitos T a esa proteína de la espícula”, explicó Wherry, “porque los anticuerpos terminarán eliminando la espícula más rápidamente”.

Eso es distinto de lo que ocurre con el cáncer o ciertas infecciones crónicas, cuando los anticuerpos son ineficaces o no pueden eliminar el antígeno.

Wherry dijo que en situaciones en que se da refuerzos con  demasiada frecuencia, lo que suele suceder es que la estimulación del sistema inmunitario es muy débil y la vacuna o el antígeno que produce serían eliminados tan rápidamente que no se obtendría mucha estimulación.

“Así que no solo no ocurre agotamiento cuando se administra un refuerzo, sino que en realidad sería muy difícil producir el agotamiento dando dosis repetidas de una vacuna muy buena”, dijo.

Frances E. Lund, directora del Instituto de Inmunología de la Facultad de Medicina de Birmingham de la Universidad de Alabama, estuvo de acuerdo con que el agotamiento inmunitario no sería un problema con los refuerzos adicionales de la vacuna contra el COVID-19.

“Si las vacunas de refuerzo se administran demasiado juntas (por ejemplo, cada mes) puede que no sean muy eficaces porque las proteínas virales en la dosis de refuerzo (el ARNm codifica las proteínas virales) serán eliminadas tan rápidamente que el sistema inmunitario no montará una respuesta significativa”, dijo en un correo electrónico. “Eso no es agotamiento, es simplemente que este refuerzo no hace mucho por aumentar aún más la respuesta (el sistema inmunitario “desconoce” el refuerzo)”.

Lund sugirió que quizás se está pensando erróneamente en otro fenómeno conocido como muerte celular inducida por activación, pero dijo que esto tampoco es pertinente para las vacunas contra el COVID-19.

“Lo que algunos pueden haber confundido es que si se vuelve a introducir el antígeno muy rápido (con pocos días de diferencia), eso puede tener algún efecto sobre la calidad y la magnitud general de la respuesta de memoria inducida por la vacuna”, dijo. “Si usted tiene inmunidad y luego recibe un refuerzo y de nuevo otro unos días más tarde, algunas de las células inmunitarias que se activaron después del primer refuerzo pueden volver a activarse después del segundo y luego morir”.

Pero dijo que este fenómeno no es aplicable a las vacunas contra el COVID-19 porque las dosis están escalonadas y nadie está proponiendo que se vacune con tanta frecuencia.

“Con las pautas de administración que están en práctica ahora (primovacunar, esperar tres semanas y administrar una dosis de refuerzo, esperar 4 a 6 meses y administrar un refuerzo, esperar 4 a 6 meses y administrar un refuerzo)”, dijo Lund, “no hay razón para pensar que habría agotamiento, desconocimiento o muerte celular inducida por activación”.

Una conferencia de prensa malinterpretada

Junto con las afirmaciones de Maher sobre el “agotamiento del sistema inmunitario”, Children’s Health Defense, la organización antivacunas de Robert F. Kennedy Jr., ha destacado comentarios malinterpretados de un funcionario de la Agencia Europea de Medicamentos sobre la administración repetida de dosis de refuerzo para socavar la confianza en los refuerzos en general.

Un artículo de Children’s Health Defense en el que se citan artículos de Reuters y Bloomberg, uno de los cuales fue corregido, dijo erróneamente que el funcionario expresó que la administración frecuente de refuerzos “podría afectar negativamente al sistema inmunitario” y “presentar el riesgo de sobrecargar el sistema inmunitario y provocar agotamiento”.

La agencia nos dijo que el artículo utilizó en parte las palabras del funcionario, pero que fue malentendido.

“Si tenemos una estrategia en la que damos refuerzos, digamos, cada cuatro meses aproximadamente, posiblemente terminaremos teniendo [un] problema con la respuesta inmunitaria y esta puede terminar no siendo tan buena como quisiéramos, así que debemos tener cuidado de no sobrecargar el sistema inmunitario con la vacunación repetida”, dijo Marco Cavaleri en respuesta a una pregunta durante una conferencia de prensa el 11 de enero. “Y, en segundo lugar, por supuesto, existe el riesgo de cansar a la población con la administración continua de vacunas de refuerzo”.

“A pesar de lo que algunas personas han informado incorrectamente, el Dr. Cavaleri nunca ha dicho o insinuado que la administración repetida de refuerzos debilitaría el sistema inmunitario de ninguna manera”, nos dijo un portavoz de la EMA en un correo electrónico. “Lo que dijo es que la administración repetida de refuerzos podría llevar a que la respuesta inmunitaria a la vacuna [refuerzo] sea menor, lo que significa que las vacunas [refuerzos] podrían ser menos eficaces”.

Cavaleri aclaró sus comentarios en una sesión informativa el 18 de enero, cuando dijo que la administración repetida de dosis de refuerzo a intervalos cortos “podría reducir el nivel de los anticuerpos que se puede producir con cada administración, dado que nuestro sistema inmunitario necesita una cierta cantidad de tiempo para madurar la respuesta a los antígenos que se le presentan. Esto posiblemente hace que la vacunación sea un poco menos eficiente con el tiempo”.

Por lo tanto, a pesar de que el artículo de Children’s Health Defense es correcto en que Cavaleri estaba recomendando cautela respecto a las vacunas de refuerzo más allá de una tercera dosis de una vacuna de ARNm, un sentimiento compartido por muchos científicos, no estaba sugiriendo que el agotamiento inmunitario podría ser un problema o que una política teórica de repetidas vacunas de refuerzo dañaría el sistema inmunitario en su conjunto.

Y no estaba instando a la cautela contra el primer refuerzo. En la sesión informativa del 11 de enero, de hecho, Cavaleri enfatizó la importancia de que todos los ciudadanos elegibles de la Unión Europea (UE) reciban el refuerzo, dada la evidencia del Reino Unido de que los refuerzos pueden restaurar parte de la protección perdida debido a que la inmunidad decrece con el tiempo y a la evasión inmunitaria de la variante ómicron.

Desafíos de las dosis de refuerzo

Si bien el “agotamiento del sistema inmunitario” no es algo que preocupe a los inmunólogos, hay otras preocupaciones sobre las dosis de refuerzo a medida que las poblaciones consideran segundos y más refuerzos.

Israel ha comenzado a implementar las cuartas dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech para los grupos de mayor riesgo, pero muchos científicos y gobiernos dicen que es demasiado pronto para saber si son eficaces o necesarias, fuera de las vacunas adicionales para los inmunodeprimidos.

Parte del desafío, dijo Wherry, es que el cálculo del riesgo-beneficio de los refuerzos no es el mismo que para la vacunación primaria, particularmente en los adultos jóvenes sanos, ya que el beneficio está más relacionado con prevenir las infecciones y mantener los lugares de trabajo y las empresas abiertas que en prevenir la enfermedad grave. Esos beneficios se deben sopesar contra la rara posibilidad de un evento adverso grave, dijo.

Wherry dijo que además hay un posible riesgo de que la administración repetida del refuerzo podría obstaculizar la respuesta inmunitaria de una persona contra una variante futura si esa respuesta se centra demasiado en una proteína de la espícula de un coronavirus específico. Este tipo de impronta inmunológica (en inglés imprinting), que depende de la versión de la proteína de la espícula que se incluye en la vacuna, podría limitar el rango de anticuerpos que se producen, reduciendo la flexibilidad de una persona para responder a variantes posteriores.

Por ejemplo, la administración continua de una vacuna de refuerzo específica contra la variante ómicron, que aún no está disponible, podría “empujar la respuesta de anticuerpos a estar, digamos, más adaptada a ómicron, lo que podría impedir nuestra capacidad de responder a una variante similar a la variante delta que surja en el futuro”, dijo.

En otras palabras, es posible que una vacuna de refuerzo diseñada para una variante en particular quede fijada en una respuesta inmunitaria que es menos ideal para una variante futura, aunque todavía no hay evidencia de esto.

Wherry dijo que esto aún no se entiende bien y requiere estudios adicionales, pero que la estimulación del sistema inmunitario con refuerzos que emplean  proteínas de la espícula de las variantes que ahora conocemos podría cerrar las posibilidades a los anticuerpos más tarde.

Wherry sigue apoyando una primera dosis de refuerzo, en parte debido a la alta tasa de transmisión comunitaria y porque quizás las vacunas de ARNm siempre hayan sido vacunas de tres dosis, y la vacuna Johnson & Johnson una vacuna de dos dosis.

Sin embargo, la decisión sobre una segunda dosis de refuerzo dijo, requerirá más investigación y debería depender de los niveles de transmisión comunitaria, que los científicos idealmente deberían poder predecir mediante modelos; de la obtención rápida de datos sobre cualquier variante emergente preocupante y de mejores datos a largo plazo sobre los linfocitos T y B de memoria de una persona, en lugar de centrarse solo en los anticuerpos.

“Hay que pensar en las cuartas y más dosis para las poblaciones en riesgo, y hay que estudiarlas más para entender cómo están adaptando la respuesta inmunitaria”, dijo Wherry. “Estoy a favor de la tercera dosis en este momento, pero también estoy muy a favor de estudiar dosis adicionales en los contextos correctos”.

Traducido por Claudia Cohen. 

Nota del editor: El Proyecto de Vacunación/COVID-19 de SciCheck es posible gracias a una beca de la Robert Wood Johnson Foundation. La fundación no tiene control alguno sobre las decisiones editoriales de FactCheck.org, y los puntos de vista expresados en nuestros artículos no reflejan necesariamente el punto de vista de la fundación. El objetivo del proyecto es aumentar el acceso a información precisa sobre el COVID-19 y las vacunas, y reducir el impacto de información errónea.