Gran parte de la población mundial vivió una difícil transición durante la pandemia, y más aún quienes trabajaban de manera presencial.

“Fue difícil para mí adaptarme a una nueva forma de trabajo después de 40 años”, dijo José Luis Moron Hernández, de 68 años, representante de un laboratorio farmacéutico en la ciudad de Veracruz.

“Mi trabajo era 80 por ciento presencial, pues tenía que visitar médicos, farmacias, hospitales, distribuidores. El sentarme en una computadora medio día fue bastante difícil. Esto lo hice debido a que por ser un adulto mayor, era una persona de alto riesgo a contraer la enfermedad”.

A un año del confinamiento a nivel mundial debido a la pandemia de COVID-19, la forma de vivir y de trabajar cambió totalmente. Muchas personas tuvieron que migrar o adaptarse a nuevas formas de trabajo.

El cambio al llamado ‘home office’ — la oficina en el hogar — significó sacrificios y la necesidad de tomar nuevos hábitos.

Una computadora con Internet se volvió la principal herramienta para laborar. Fue un problema mayor para las personas que no estaban acostumbradas a pasar ocho horas sentadas frente a una pantalla.

Para mucha gente, el hogar se convirtió en la oficina, lo que implica frustraciones para algunos y mejorías para otros.  (Grovemade/Unsplash)

Esta realidad de miles de estudiantes y de las empresas, el ‘home office’, es la única forma para seguir trabajando a distancia sin perder clases o productividad. Gracias a la tecnología, es posible seguir con las actividades a través de una laptop, smartphone o computadora de escritorio.

Pero la tecnología resulta complicada para muchos.

“Fue muy difícil, no me acostumbré,” dijo Moron Hernández. “Solo hacía llamadas, mandaba mensajes de WhatsApp a los doctores en lugar de visitarlos y tenía juntas por plataformas Zoom, Meet o Skype. Nunca me acostumbré y a fin de año me jubilé. Las cosas siguen igual, la forma virtual del trabajo continúa de la misma manera”.

Así como hay personas que no se acostumbran al ‘home office’, hay otras que prefieren esta forma de trabajar, aunque dicen que hacen más de ocho horas de labores, a diferencia del trabajo de oficina.

“Trabajo en la administración de una embotelladora de agua” dijo Luis Caballero Morales, de la ciudad de Veracruz.

“Durante el inicio de la pandemia, me llevé todo el trabajo a mi casa. Ahí fue mi nueva oficina y de verdad podría decirse que fue atractivo, pero conforme pasó el tiempo, empecé a trabajar horas extras y pues eso no me lo pagaban, puesto que estaba en mi hogar”.

Era necesario adaptarse para realizar las labores de la casa mientras se hiciera el trabajo. (Standsome Worklifestyle/Unsplash)

Fue un alivio para él poder ir a la oficina de nuevo.

“Afortunadamente, cuando el semáforo [de COVID impuesto por el gobierno] empezó a cambiar, ya pude regresar unos días a la oficina, pero ya lo necesitaba. Interactuar con más personas, mi ánimo también mejoró y ahora me siento bien por lo menos viniendo tres veces a la semana a la oficina”.

Para algunas personas, la forma de trabajo continúa en línea. Otras ya pudieron volver a las actividades presenciales.

La única manera en que todas las personas vuelvan a sus actividades será que el gobierno mexicano vacune a toda la población. Para entonces, el ‘home office’ podría terminar, o podría seguir, según lo que cada empresa o empleado determine en un mundo que está viendo cambios bruscos.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)



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