Los países latinoamericanos suelen mostrar calles llenas de vida, donde las personas salen a caminar, convivir, platicar y comprar.

Cuando se les antoja algo, o cuando tienen la necesidad de comprar algo a la mano, acuden con los vendedores ambulantes, quienes dan servicios o venden productos de necesidad primaria, desplazándose por las calles de las ciudades.

La situación por la contingencia para evitar la propagación del COVID-19 ha impactado de sobremanera la vida de los vendedores, obligándoles a adaptarse a alternativas que les permitan seguir ofreciendo sus productos o servicios. Si no innovan, quedan desempleados.

En un país como México, donde alrededor del 50 por ciento de los empleos son informales, la situación puede ser un golpe duro, sobre todo para los vendedores de ciertos productos.

Cuando hay menos gente en la calle, las ventas se desploman. Además, los productos de alimentos suelen conllevar más riesgos. (Christian Valera Rebolledo/Café Words)

“Antes de la pandemia nos iba bien, quizá un poco más que bien”, dijo Andrea Benítez, una veracruzana con más de 25 años inmersa en el mercado ambulante. “Pero llegó la pandemia y, por ejemplo, los que venden artículos como caretas, cubrebocas, gel, se fueron para arriba porque invirtieron en tiempo. Los otros que vendemos fruta pasamos malos momentos”.

Millones de personas han sido afectadas, al ser trabajadores que dependen de la interacción presencial con el público.

En tiempos normales, uno de los lados más bondadosos del área de ventas, sobre todo si se trata de un trabajo informal, como el del vendedor ambulante, es que las personas pueden ofrecer de casa en casa lo que producen.

Al mismo tiempo, una desventaja es que no hay lineamientos claros de salubridad en la elaboración de lo que se ofrece, piezas de pan casero, dulces o botanas, u otras opciones de comida, que son los productos más habituales.

El apoyo que estas personas reciben suele provenir de vecinos o de la comunidad donde se desenvuelven con normalidad, pero generalmente la información de su labor se ve reflejada en los medios de comunicación por su parte negativa, lo que les muestra como un foco de infección grave, y más en esta época.

Además, muchas personas piensan que su vida es fácil y no ven las complicaciones.

“No, no es fácil”, dice Benítez. “Siempre ven al ambulante como el comerciante de la vida fácil, de la vida resuelta, y no porque también le pagas a la autoridad, y aparte te sometes a que cuando ya no quieren que les pagues, te empiezan a acosar para que te muevas, te quites, porque ya estorbas”.

Gavino Álvarez, vendedor ambulante en la zona de mercados de Veracruz, México, dice que, “Soy ambulante desde los siete años que me traían mis papás, y no es fácil trabajar en la calle. Nos mueven, nos ven feo, hay humillaciones de parte de las autoridades, cobros excesivos de permisos”.

Un vendedor ambulante de perfumes de imitación camina por un malecón desolado en Veracruz. En épocas normales, el lugar está repleta de gente. (Christian Valera Rebolledo/Café Words)

Ahora, la situación es aún más complicada. La temporada más difícil para estas personas ha sido cuando ha estado estrictamente prohibida la venta, como durante ciertos momentos de la pandemia.

El periodo de aislamiento ha llevado a que muchas personas no tengan suficiente dinero para pagar una renta o los servicios básicos de una vivienda.

Tampoco reciben el apoyo del gobierno municipal, estatal o federal para garantizar su seguridad, ni soluciones para continuar con sus labores. Es por ese motivo que los vendedores ambulantes continúan trabajando aun cuando no se permite.

“Ahorita con la pandemia pasamos una larga temporada cerrados el año pasado”, dijo Álvarez. “Y eso nos pegó en el bolsillo porque los ahorros casi se agotaron o de plano desaparecieron. Además, siempre corres el riesgo de que te quitan la mercancía; si eso pasa, pierdes todo, te quedas sin sustento”.

Sienten que su única forma de sobrevivir durante la situación sanitaria ha sido continuar trabajando, a pesar de los riesgos.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)



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